La Catedral de Orvieto, dedicada a Santa María de la Asunción, domina la plaza principal del centro histórico y es uno de los monumentos más reconocibles de Umbría. Su fachada policromada, revestida de mármoles, mosaicos, esculturas y bajorrelieves, cambia continuamente con la luz y anticipa la riqueza artística que alberga el interior.
La construcción comenzó en 1290, durante el periodo de máximo esplendor político y económico del municipio medieval. El papa Nicolás IV impulsó la creación de la nueva catedral y colocó la primera piedra. En la fase inicial, las obras fueron confiadas a fray Bevignate, documentado como responsable de la Opera, mientras numerosos trabajadores locales y foráneos participaron en la construcción del edificio.
Antes de 1310, la dirección técnica y artística pasó a Lorenzo Maitani. El maestro de obras sienés transformó profundamente el proyecto, contribuyendo a definir la fachada de tres cúspides y a consolidar la estructura. Desde entonces, la Catedral se convirtió no solo en un gran edificio religioso, sino también en el símbolo de la identidad y la ambición de la ciudad.
La historia de la catedral también está vinculada al recuerdo del milagro eucarístico de Bolsena. El Sagrado Corporal se conserva en la capilla del mismo nombre y sigue siendo uno de los principales referentes espirituales de la Catedral.
La fachada de la Catedral no es solo la entrada al templo:
es un relato esculpido e iluminado por el oro, capaz de introducir
al visitante en la historia religiosa y artística de Orvieto.